Deserción universitaria en Perú: por qué ocurre y cómo prevenirla desde la decisión de carrera

Casi un tercio de los universitarios en Perú abandona su carrera, la mayoría en los primeros años. Detrás de las causas económicas y académicas hay un factor que pocas veces se nombra: cómo se tomó la decisión de qué estudiar. Descubre por qué importa y cómo prevenirlo.

Jonathan Armijo Durand

7/6/20264 min read

Cada año miles de jóvenes peruanos entran a la universidad con entusiasmo y no logran terminar. Abandonan en el primer año, cambian de carrera dos veces, o se quedan a medias arrastrando algo que ya no les convence. Detrás de cada uno de esos casos hay una familia que puso tiempo, dinero y expectativas en esa decisión.

La deserción universitaria es uno de los problemas más persistentes de la educación en el país, y aunque tiene varias causas, hay una que suele pasar desapercibida y que empieza mucho antes de que el joven pise un salón de clases: cómo se tomó la decisión de qué estudiar.

Qué tan grande es el problema

Las cifras cambian según el estudio y el periodo analizado, pero todas apuntan en la misma dirección. Investigaciones sobre el sistema universitario peruano sitúan la deserción alrededor de un tercio de los estudiantes, con Perú registrando cerca del 33% antes de la pandemia, un nivel similar al de Colombia y más alto que el de Chile.

Lo interesante es cuándo ocurre. La mayoría de los abandonos no se da al final de la carrera, después de años de esfuerzo, sino en los primeros ciclos, justo cuando el joven recién está descubriendo si eligió bien. Ese patrón ya dice algo sobre dónde empieza realmente el problema.

Las causas no son una sola

Sería injusto decir que toda la deserción se debe a una mala orientación vocacional. Los estudios peruanos muestran causas que se entrelazan: el factor económico pesa fuerte, porque muchas familias simplemente no pueden sostener el costo de una carrera hasta el final. El entorno familiar también influye, a veces incluso más que el dinero. Y el factor académico, la dificultad para adaptarse a la exigencia de la universidad, aparece en casi todos los estudios como una causa determinante.

Pero si uno mira con cuidado, la decisión vocacional atraviesa varias de esas causas sin ser mencionada directamente. Un joven que eligió una carrera que no encaja con lo que puede desarrollar tiene más papeletas para tropezar académicamente. Uno que estudia algo porque sus padres lo esperaban, sin haberlo elegido de verdad, sostiene peor las dificultades cuando llegan. Y uno que descubre en primer año que la carrera no era lo que imaginaba entra directo al grupo con más riesgo de dejarlo todo.

La decisión de carrera no explica cada caso de deserción. Pero es de las pocas causas sobre las que una familia puede hacer algo antes de que el problema aparezca.

Por qué una mala decisión termina en abandono

El mecanismo es más simple de lo que parece. Un joven que elige carrera sin haber pasado por un proceso real entra a la universidad con una base débil. Si eligió sin conocer realmente en qué consiste esa carrera, el choque con la exigencia académica lo desanima rápido. Si eligió por presión familiar, la falta de motivación propia hace que cualquier tropiezo pese el doble. Y si eligió por descarte, porque no tenía claro qué más hacer, simplemente no tiene una razón lo bastante fuerte como para aguantar cuando las cosas se complican.

Lo que sostiene a un estudiante en los momentos difíciles es la convicción, y la convicción no aparece de la nada. Es lo que queda después de haber tomado una decisión propia, pensada y argumentada. Un joven que sabe por qué eligió lo que eligió resiste mucho mejor que uno que simplemente terminó ahí sin saber bien cómo.

Lo que realmente ayuda a prevenirla

Prevenir este tipo de deserción no se logra con un test vocacional antes de postular. Se logra ayudando al joven a construir una decisión sólida desde el inicio: que conozca la carrera tal como es, no la versión idealizada que aparece en un folleto. Que entienda qué hace un profesional de esa área en su día a día real. Que reconozca si tiene las aptitudes que esa carrera exige y no solo el interés pasajero. Y sobre todo, que la decisión sea suya, no de sus padres ni de lo que está de moda, porque solo una decisión propia genera la convicción capaz de sostener el esfuerzo cuando se pone difícil.

Un joven que llega a la universidad habiendo pasado por ese proceso no queda blindado ante los problemas económicos o académicos. Pero llega con una base mucho más firme, y eso reduce de verdad el riesgo de abandonar.

El costo de no hacerlo

Vale la pena dimensionar lo que está en juego. Una carrera abandonada no es solo el dinero que no se recupera. Son años de vida, la frustración del joven, el desgaste de toda la familia y, muchas veces, el inicio de un segundo proceso de decisión en peores condiciones que el primero: con menos tiempo, menos ánimo y más presión.

Frente a ese costo, invertir en una buena decisión vocacional antes de empezar la universidad no es un gasto adicional. Es la forma más barata de evitar el problema más caro.

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En BRUMEKA trabajamos con jóvenes que están por decidir qué estudiar, precisamente para reducir este riesgo desde el origen. No les entregamos una lista de carreras. Los acompañamos a construir una decisión propia, informada sobre el mercado laboral real y sostenida en sus aptitudes, no solo en sus gustos del momento.

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